- Un estudio publicado en Translational Psychiatry (Nature, 2026) analiza por primera vez los efectos de un CBD aprobado por la FDA en niños con autismo severo.
- Los hallazgos abren una puerta hacia nuevas herramientas terapéuticas.
En su forma más severa, el TEA va mucho más allá de la dificultad para relacionarse. Hay niños que se hacen daño a sí mismos, que agreden, que no pueden parar. Familias que viven en alerta permanente ya que estos menores requieren supervisión constante, las 24 horas del día.
Las opciones farmacológicas disponibles en todo el mundo son escasas. Risperidona y Aripiprazol son los fármacos más utilizados internacionalmente para estas situaciones -los únicos con aprobación específica para irritabilidad en autismo en EE.UU.- y aunque son eficaces, sus efectos secundarios requieren un seguimiento médico estrecho y prolongado.
Por ahora no hay ninguna terapia que proporcione una respuesta completa a los síntomas más graves del TEA Ahí es donde el cannabidiol lleva años despertando interés. Hasta ahora, los estudios existentes tenían limitaciones importantes: usaban mezclas de CBD con THC, no estaban controlados con placebo de forma rigurosa, o se centraban en perfiles de pacientes menos severos.

El estudio que nos ocupa cambia eso. El uso de Epidiolex® (CBD puro, sin THC, con respaldo regulatorio) es importante ya que elimina la variable del THC, lo que permite atribuir los efectos al CBD de forma más limpia. Además abre una vía para que este tipo de tratamiento sea eventualmente accesible dentro del sistema sanitario, no solo en el mercado cannábico paralelo.
Investigadores de la Universidad de California en San Diego analizaron datos de un ensayo clínico de Fase II (doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo) en el que 24 niños varones con TEA y altas necesidades de apoyo recibieron Epidiolex®, el único CBD purificado de origen vegetal con aprobación de la FDA, utilizado habitualmente en epilepsia pediátrica. Algunos niños recibieron CBD primero y placebo después, y otros al revés, con un período de "lavado" de cuatro semanas entre ambas fases.
El diseño fue cruzado y completamente ciego, nadie en el estudio (ni familias ni evaluadores) sabía en qué fase estaban recibiendo el CBD real o el placebo. Los participantes tenían entre 7 y 14 años, presentaban comportamientos tales como autolesiones, agresividad e hiperactividad, y muchos no podían completar evaluaciones cognitivas estandarizadas debido a sus limitaciones. Todos requerían supervisión constante en sus actividades diarias.
El tratamiento consistía en dos dosis orales diarias de Epidiolex®, ajustadas según el peso de cada niño. Las primeras dos semanas servían de adaptación, comenzando en 5 mg/kg/día y aumentando progresivamente hasta alcanzar la dosis máxima de 20 mg/kg/día, que se mantenía durante las seis semanas restantes. A lo largo del estudio se tomaron muestras de sangre para medir tres metabolitos del CBD: el propio CBD, su metabolito activo (7-OH-CBD) y su metabolito inactivo (7-COOH-CBD).
Junto a eso, se registró actividad cerebral mediante electroencefalograma (EEG) en reposo y se realizaron pruebas cognitivas y conductuales en distintos momentos del estudio. Las mejoras más sólidas aparecieron en coordinación visomotora, ya que en vocabulario receptivo e inteligencia no verbal los efectos fueron positivos pero de menor magnitud. Además los clínicos detectaron un comportamiento más calmado en el 68% de los niños durante el tratamiento.

Los resultados no fueron del todo uniformes. Algunos niños mejoraron de forma notable, otros no mostraron cambios o incluso retrocedieron en alguna medida. Los propios autores insisten en que estas son señales prometedoras, no conclusiones definitivas, y que hacen falta estudios con muestras más grandes y seguimiento más largo. Esta variabilidad no sorprende del todo. El autismo es un espectro amplio, con perfiles neurológicos y metabólicos muy distintos entre personas.
Que un tratamiento funcione bien en unos niños y poco en otros no invalida la investigación; al contrario, abre la pregunta de quién responde mejor y por qué. Ninguno de los hallazgos apunta a que el CBD sea una solución ni un tratamiento universal para el autismo. Lo que sí concluye el estudio es que, en un subgrupo de niños con autismo severo, el CBD podría mejorar áreas específicas del funcionamiento, especialmente las que dependen de circuitos visuales y motores, y que el EEG podría servir para identificar quién responde mejor al tratamiento.
Fuente:
Cazares et al. (2026). Cannabidiol blood metabolite levels after cannabidiol treatment are associated with broadband EEG changes and improvements in visuomotor and non-verbal cognitive abilities in boys with autism requiring higher levels of support. Translational Psychiatry, 16, 109. doi.org/10.1038/s41398-026-03815-y
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