Marruecos clandestinidad y narcotrafico reina

Marruecos, la clandestinidad y el narcotráfico reinan en “el país del hachís”

  • Las cosechas de marihuana son el principal sustento de muchos agricultores marroquíes, que viven con miedo en una clandestinidad consentida por su propio gobierno: sus campos verdes son visibles a ojos de las autoridades, pero solo hacen uso de la ley en determinadas ocasiones. Es una situación contradictoria que se ha perpetuado con el tiempo, y que ahora varios partidos políticos se atreven a desafiar. ¿Conseguirán cambiar las tornas en este granero del cannabis mundial?
Marruecos clandestinidad y narcotrafico reina

Hace unas semanas, el secretario general del partido Istiqlal, Hamid Chabat, llamó a la "legalización absoluta" del cannabis en Marruecos y a tener en cuenta las aplicaciones que la planta podría ofrecer la industria farmacéutica, mientras afirmaba que cerca de 80.000 cultivadores de cannabis están en libertad bajo fianza y con el riesgo de volver a prisión en cualquier momento debido a su participación en el cultivo de cannabis, mientras "los que lavan el dinero y los corruptos gozan de amnistía".

No es la primera vez que algún político o colectivo en Marruecos habla a favor de la legalización. A mediados de 2013, varias agrupaciones marroquíes remitieron al Parlamento una proposición de ley para legalizar el cultivo de marihuana. El texto de la medida fue enviado a cada grupo parlamentario, con la esperanza de que al menos tres partidos políticos la apoyaran.

Fue a finales de 2014 cuando dos partidos dieron ese apoyo, el propio Istiqlal y el PAM (Autenticidad y Modernidad), que presentaron en el Parlamento de Rabat sendos proyectos de ley para exigir la legalización del cultivo de cannabis con fines terapéuticos e industriales y la amnistía de los miles de agricultores encarcelados.

Istiqlal proponía que el cultivo de cannabis se limitara a cinco regiones (Alhucemas, Chaouen, Tetuán, Taounate y Ouezzane), casi todas en la zona norte del país. También proponía que una agencia estatal se hiciera cargo de controlar la producción y comercialización del cannabis.

El PAM decidió apoyar la propuesta para combatir a las mafias de narcotraficantes que controlan el trabajo de los agricultores y casi todo el negocio del cannabis en el país. "Esta situación solo genera drama y problemas para los campesinos", explica a Dinafem Chakif Alkhayari, un activista que actualmente coordina el Colectivo Marroquí para el Uso Médico e Industrial del Cannabis.

El interés político en este ámbito es de esperar, pues cerca de un millón de personas viven del cultivo de esta planta en el país, especialmente en la región de Ketama y Chefchaouen, donde los campos cubiertos de un verdor espeso representa el 30% de la producción total de cannabis. En total, el Gobierno marroquí informó en 2013 de la existencia de 47.196 hectáreas dedicadas al cultivo de cannabis, mientras que algunos observadores afirman que esta cifra podría fácilmente ser multiplicada por dos.

Según el informe anual de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) para el año 2015, Marruecos es el mayor productor de resina de cannabis en el mundo; y cerca de 116 toneladas del cannabis incautado en las aduanas internacionales el año pasado - el 65% del total - proceden de la nación norteafricana. Esta actividad ilegal representa el 10% del PIB del país, 114.000 millones de dirhams al año (unos 11.000 millones de euros), según un informe de 2014 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). Y aunque esta producción ha bajado un poco los últimos tiempos, Marruecos continúa estando por encima de países como Afganistán y Jamaica. Ambos juntos producen aproximadamente 12.000 toneladas de hachís. Sin embargo, la cifra no llega ni a la mitad de lo que produce Marruecos: 38.000 toneladas al año.

¿Dónde va todo ese hachís? Aunque España y el resto de Europa sigue siendo el primer cliente y el primer consumidor de su cannabis, comienza a verse un aumento del desvío clandestino de muchas toneladas por parte de los barcos de pesca de Marruecos a Egipto, tal y como cita el informe, para contrarrestar la creciente demanda producida por el cierre de fronteras y los conflictos bélicos en Oriente Medio.

Esto hace que la marihuana sea "el oro verde" del país, como la define Charif Adardak, presidente de la Asociación de Amazighs de Senhaja del Rif, que lleva años defendiendo los derechos de los cultivadores. Un oro que, sin embargo, a duras penas da para vivir a los agricultores por culpa de la ilegalidad y el narcotráfico. Y que apenas les asegura un ingreso bruto de 3.600 euros por familia al año. Las principales zonas de cultivo de cannabis en Marruecos se encuentran en la región del Rif, una de las regiones más pobres del país, donde los agricultores que cultivan hachís ganan menos que la media de los ingresos. El cannabis es vendido en bruto por los pequeños agricultores a 50 dirhams el kilo (unos 5 euros), mientras que el precio de venta de la resina de cannabis está en torno a los 4.000 dirhams el kilo.

Una ley de 1974 prohibió expresamente el cultivo, la posesión, la explotación y compraventa de cannabis. Y últimamente, también como resultado de la presión ejercida por la Unión Europea (UE), sobre todo después de que ésta le concediera al país un estatuto avanzado, sigue siendo ilegal todo lo relacionado con el cultivo de la marihuana. Por eso, tras décadas de conformismo, un grupo de profesores universitarios, abogados y defensores de los derechos humanos pidieron en 2008 un debate público sobre su legalización para "usos positivos".

Entre quienes firmaron la petición estaba Alkhayari, que considera que la legalización en el país "es muy necesaria", especialmente para proteger a los cultivadores.

Agricultores entre la ilegalidad y la necesidad

Son muchos los agricultores que caen en las garras de la pobreza al no poder seguir cultivando cannabis en sus tierras, "lo que genera sufrimiento y empeora la situación de sus familias", según Adardak. Además, casi un 25% de los detenidos en el país (unos 15.000 presos) lo están por cuestiones relacionadas con el tráfico de drogas.

Adardak añade que la mayor parte de los agricultores en cárceles marroquíes han sido detenidos por denuncias anónimas. En "el país del hachís", como él mismo lo define, basta con acusar a un agricultor de cultivar marihuana "para que la policía le arreste", aunque su vecino también cultive y no vaya a ser detenido.

Cree que son muchos los factores que entran en juego: ajustes de cuentas, riñas entre agricultores y narcotraficantes y que algunas autoridades también utilizan la clandestinidad "como una forma de extorsionar a los cultivadores".

Que muchos agricultores estén en prisión no se debe solo a las leyes del país, ya que, según Adardak, "muchos de los partidos políticos se benefician directamente" del cannabis. Explica que, durante décadas, algunos grupos políticos han "explotado" a los agricultores comprando sus votos "bajo amenaza de arresto por haber cultivado".

El activista considera que esa situación de ilegalidad acaba favoreciendo a partidos que saben que "los campesinos son una buena baza para conseguir votos". Partidos que, además, financian sus campañas con el dinero obtenido del cultivo. "Incluso estos agricultores se ven obligados a ocultar su miedo y sufrimiento por temor a ser detenidos".

Sin embargo, Adardak teme que una posible legalización acabe perjudicando a los agricultores. "Si las plantaciones se trasladan a zonas con mejores condiciones", explica, "supondrá que un millón de personas pierdan su sustento". Por eso su asociación es cautelosa y no pide la despenalización del consumo. Pretenden más bien que se decrete un indulto general para los agricultores arrestados por cultivar cannabis y que se ponga fin a su criminalización.

"Sin estudios formales y creíbles" sobre el cannabis, "nadie tiene derecho a decir si la legalización es buena o no", afirma Adardak. Aunque en Marruecos no se habían realizado análisis científicos o económicos sobre el posible impacto de la legalización, "se están comenzando a hacer desde hace unos meses y estamos esperando sus resultados".

Sin embargo, no existe ninguna solución inmediata al problema. En un país tan sorprendente como increíble, el Estado consiente el cultivo de cannabis ya que muchos de los barones de este negocio, según varias fuentes incluidos los documentos revelados por Wikileaks, están en las altas esferas de la nación. Además, la política preconizada por la Unión Europea (y aceptada en un principio por el Reino de Marruecos) de reconversión de los cultivos de cannabis en cultivos agrícolas rentables ha sido un auténtico fracaso, pues la práctica totalidad de los agricultores continúan cultivando cannabis con el conocimiento y la vista gorda de las autoridades. Así pues, mientras las alternativas reales para los cultivadores no puedan competir con las expectativas que les ofrecen las mafias, Marruecos seguirá siendo el primer productor de hachís del mundo por muchos años más.

30/06/2015

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